miércoles, 16 de julio de 2014

Si quieres hacer reír a Dios...





Me encontraba en el último año de la preparatoria, entre el 2005 y 2006. Según yo, ya sabía que era lo que quería estudiar, pero la verdad es que me la pasaba perdiendo el tiempo.

Hacía mucho que había abandonado la casa de la cultura y mi violín pocas veces lo tocaba. Sentía que las cosas no me estaban saliendo como lo pensaba.

Gran parte de mi tiempo lo pasaba jugando fútbol, por un lado porque me apasionaba, y por otro porque me mantenía distraído y en forma. No fui mal jugador, de hecho tenía fama de buen portero, y por lo mismo me solicitaban con frecuencia en torneos y ligas amateurs. Pero yo sabía que todo llegaba hasta ahí, nada más.

Por ese entonces tenía una gran colección de revistas de deportes, que compraba con el dinero que no me gastaba en nada más. Ya no veía tanta televisión como antes, además que habían muy pocas personas con las que compartir muchas cosas, por lo que me volví más introvertido.

En las noches solía escuchar música y re-leer mis revistas, como una forma de conocer la historia de mi deporte favorito. Aunque generalmente me la pasaba jugando fútbol día y noche, a manera de distracción. En ocasiones los partidos terminaban a media noche, así que no me aburría demasiado. 

Una noche, mientras tomaba café en la sala, decidí ver la tele para cambiar la rutina; lo malo es que no encontraba nada interesante.

De pronto, en escenas de una persecución, unos jóvenes venían mentando madres a diestra y siniestra. Eso llamó mi atención. El fondo era una canción de Control Machete. El festejo de haberse librado fue pasajero, pues los perseguidores ya estaban de nuevo tras sus pasos. Y de repente ocurrió: un choque de autos impactante.

Esa fue la primera vez que vi Amores Perros de Alejandro González Iñárritu, con guión de Guillermo Arriaga. 

Aunque con el paso de los años he escuchado muchas críticas, positivas y negativas, no puedo negar el impacto que me produjo y las ganas de ver más historias con un corte más humano y real del que yo me había acostumbrado. 

A esta película le tengo un cariño especial, porque después de eso mi interés por el cine mexicano creció e inicié con los primeros intentos por diferenciar sus características.

Ya no fue lo mismo ver un churro comercial a ver cine con una propuesta creativa que aspirara a más que entretener.

Cada vez que alguien me pide que le recomiende una película mexicana es la primera que se me viene a la cabeza. Con el tiempo y su trabajo, González Iñárritu a alcanzado su merecida fama. Quizás no sea la mejor, pero plantea tres vertientes distintas sobre nuestras concepciones del amor.

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